Has recibido una invitación...
Las invitaciones forman parte de nuestra vida cotidiana. A menudo las esperamos con entusiasmo, ya sea para una cena o una boda.
Las valoramos, ¿verdad?
Hoy quiero hablarles de una invitación diferente, una que proviene de Dios mismo.
Quizás te preguntes: ¿de qué se trata?
Es una invitación:
- A recibir el perdón de tus pecados,
- A a reconciliarte con Dios,
- Y a aceptar la salvación que Él quiere ofrecerte.
Como ya he mencionado, el ser humano está compuesto por un espíritu, un alma que habita en un cuerpo. Al abrir nuestro corazón a Jesús, Dios, por medio del Espíritu Santo, renueva nuestro espíritu, que estaba muerto a causa del pecado.
Posteriormente, inicia una obra de transformación en nuestra alma. Esta transformación es sobrenatural: no puede ser alcanzada por el esfuerzo humano, pues es obra exclusiva del Espíritu Santo.
Invitación a los necesitados
«Todos los que tengan sed,
vengan a tomar agua
Y los que no tengan dinero, vengan, compren y coman.
Compren vino y leche, sin que les cueste nada, gratis.
¿Para qué gastar el dinero en lo que no es verdadera comida?
¿Para qué desperdiciar los ingresos en lo que no satisface realmente?
Escúchenme con atención, así comerán bien y disfrutarán de buena comida.
Escuchen, vengan a mí. Oigan para que vivan.»
Isaías 55 : 1-3a (PDT)
Dios nos interpela con estas preguntas:
¿Para qué gastar el dinero en lo que no es verdadera comida?
¿Para qué desperdiciar los ingresos en lo que no satisface realmente?
Este pasaje no habla del alimento material, sino del alimento espiritual. Todo aquello que impulsa la búsqueda del placer a cualquier precio como las compras compulsivas y excesivas o los logros que muchas veces se convierten en la prioridad de las personas no puede renovar el espíritu ni transformar el alma. Solo Dios tiene el poder y la voluntad de hacerlo.
Dios aconseja:
"Escúchenme con atención, así comerán bien y disfrutarán de buena comida. Escuchen, vengan a mí. Oigan para que vivan."
Dios recomienda:
- Escucha y come
- Escucha atentamente y ven
- Escucha, y vivirás
Sí, porque podemos oír sin realmente escuchar. Seguramente ya te ha pasado: oír a alguien sin prestar atención y luego preguntar: «¿Qué dijiste?».
Este pasaje bíblico es especialmente significativo para mí, porque Dios, que conoce perfectamente al ser humano, nos habla de manera clara y comprensible, incluso repitiendo su mensaje
Dios tiene mucho más para decirnos de lo que podemos imaginar. Piensa por un momento: el Creador del cielo y de la tierra desea verdaderamente ser parte de tu vida.
¡Qué privilegio!
Dios invita:
Salmos 34 : 11-14 (PDT)
"Vengan hijos míos, escúchenme, y les enseñaré a respetar al SEÑOR.
El que ame la vida y desee ver días felices,
aléjese de los planes perversos y evite decir mentiras.
Apártese del mal y hagan el bien. Busque la paz y no descanse hasta conseguirla."
Mientras el mundo busca la felicidad, aquí está la respuesta auténtica. El Salmo 34 nos la revela.
La felicidad no proviene de lo externo, sino que brota desde lo más hondo de nuestro ser.
Incluso diría más: nace de una relación genuina y viva con Dios.
¿Cómo alcanzarla?
Escuchándolo con atención.
Cultivando un temor sagrado hacia Él.
Vigilando nuestras palabras.
Rechazando la mentira.
Alejándonos del mal para practicar el bien.
Y, sobre todo, perseverando en la búsqueda de la paz.
"Escuchar a Dios es hallar vida, paz y salvación para el alma."