¿Cómo orar?
¿Qué es la oración?
A menudo se nos ha enseñado que la oración está reservada a las personas religiosas, que debe hacerse siguiendo ciertos ritos o rituales, con una postura particular, o incluso encendiendo una vela para ser escuchados por Dios.
Es cierto que la oración compromete nuestro corazón y, con frecuencia, implica una relación con Dios. Pero, como suelo decir, también existen oraciones sencillas,
A las que llamo oraciones de auxilio: el clamor del corazón que dice: «Jesús, sálvame»
Y eso es, precisamente, lo que quiero transmitirles hoy: la oración es mucho más sencilla de lo que creemos.
Y, por suerte, es así...
La oración no es más que una conversación con Dios. Cómo hablar con el mejor de los amigos. Un espacio para abrir el corazón y compartir todo lo que llevamos dentro: nuestras alegrías, nuestros sueños, nuestras esperanzas, pero también nuestras penas, miedos, preocupaciones y las cargas que llevamos a diario.
De hecho, la oración es el aliento del alma.
Comemos cada día, y con este acto sencillo le damos a nuestro cuerpo los nutrientes que necesita para funcionar bien. Si no nos alimentamos adecuadamente o consumimos alimentos poco saludables, desarrollamos carencias, ¿no es así?
Pues lo mismo ocurre con la oración. Cuando no oramos a diario, poco a poco caemos en un vacío espiritual, sin dirección ni propósito, lo que puede abrir la puerta a la inquietud y otros conflictos internos.
Quizás estés pensando:
- Nunca he orado en mi vida
- No sé cómo orar
- No tengo idea de por dónde empezar ni qué decir
- Y, además, no estoy seguro de querer hacerlo
Y es comprensible. Al fin y al cabo, la mayoría de las cosas que sabemos hacer hoy las hemos aprendido con la práctica..
Pues con la oración sucede lo mismo.
La oración: un camino de aprendizaje
Para animarte a dar tus primeros pasos en esta hermosa aventura a veces inesperada, pero siempre transformadora, es importante recordar que incluso los discípulos de Jesús tuvieron que aprender a orar.
Lo vemos en Lucas 11:1 y Mateo 6:9-13 (RVR1960)
" Una vez, Jesús estaba orando en cierto lugar. Cuando terminó, uno de sus seguidores le dijo: Señor, enséñanos a orar, así como Juan les enseñó a sus seguidores. Entonces Jesús les dijo: Cuando oren, digan así:
Padre nuestro,
que estás en los cielos, santificado sea tu nombre,
Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy,
Y perdónanos nuestras deudas,
como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal;
porque tuyo es el reino, y el poder,
y la gloria, por todos los siglos.
Amén.
Ese puede ser un buen punto de partida...
Orar es, ante todo, reconocer la grandeza de Dios y contemplarlo tal como es.
Pero también es abrirle nuestro corazón, compartir lo que llevamos dentro y atrevernos a decirle aquello que quizá no le diríamos a nadie más.
Puedes estar seguro de algo: Él escucha. La Biblia dice en:
Salmos 77 : 2 (BLP)
"Mi voz alzo a Dios y pido auxilio, mi voz alzo a Dios y él me escucha."
¡Dén el primer paso sin miedo!